La poetisa cubana Fina García Marruz, ganadora del VIII Premio García Lorca

El galardón es de mayor cuantía económica (50.000 euros) en habla hispana en el apartado de poesía.- La autora fue premiada en abril con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana

     La poetisa cubana Fina García Marruz (La Habana, 1923) gana el VIII Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca, el de mayor cuantía económica (50.000 euros) en habla hispana en el apartado de poesía, fallado esta mañana.
     El jurado, que ha deliberado durante algo más de una hora en el Carmen de los Mártires, resalta "el tono reflexivo, intenso, apasionado en ocasiones" de la escritora, además de su "contención formal" y el "dominio de la expresión lingüística".
     El portavoz del jurado y catedrático de Literatura de la Universidad de Granada, Álvaro Salvador, ha señalado que García Marruz, cuya obra "no se conoce demasiado" en España, formó parte con su esposo Cintio Vitier del grupo de poetas de la revista Orígenes, que alentó la resistencia cultural cubana.
     En este sentido, ha apuntado que su premio se adecúa "muy bien" al espíritu del certamen, puesto que "de algún modo" ese grupo tuvo conexión directa con Federico García Lorca y Juan Ramón Jiménez, que representan "lo mejor" de la poesía neopopularista española.
     El jurado ha destacado asimismo que García Marruz es "uno de los grandes nombres de la literatura cubana del siglo XX" y una de las voces "más representativas" de la poesía hispanoamericana, por lo que ya fue galardonada en abril de este mismo año con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana.
     La galardonada, que destaca además por su labor investigadora sobre la literatura de su país, ha competido con otras 40 candidaturas, la mayoría de ellas también de poetas latinoamericanos.
     Su poesía ha sido traducida a varios idiomas y figura entre otras antologías en la titulada Carmen Conde: Once grandes poetisas hispanoamericanas (1967) y en la de Margaret Randall: Breaking the silence (1982). García Marruz es autora entre otros de Las miradas perdidas (1951), Viaje a Nicaragua, con Vitier (1987), Créditos de Charlot (1990) por el que recibió el Premio de la Crítica en 1991, Los Rembrandt de l'Hermitage (1992) o Habana del centro (1997).
     El alcalde de Granada, José Torres Hurtado (PP), que ha presidido el jurado, ha informado de que ha comunicado el premio a familiares de la poetisa, ya que García se encuentra actualmente hospitalizada.
     Fina García Marruz es la octava autora que recibe este galardón, que en ediciones anteriores recayó en María Victoria Atencia (2010), José Manuel Caballero Bonald (2009), Tomás Segovia (2008), Francisco Brines (2007), Blanca Varela (2006), José Emilio Pacheco (2005) y Ángel González (2004).

El País, 15 de octubre

 

     As part of a drive for Latin-American business, Warners, in connection with sales conventions this week in Buenos Aires and Rio de Janeiro, announced four new two-reel shorts based on Spanish-American figures. The subjects will be Bernardo O’Higgins of Chile, General Sarmiento of Argentina, Jose Marti of Cuba and Hernando Cortez. Shorts dealing with Bolivar and San Martin have already been scheduled.

The New York Times, Feb 6, 1939

 

Casal en Cubaliteraria: ¿alien o francés?

     Una de las secuencias del documental Donde está Casal (1990), de Jorge Luis Sánchez, más reveladoras del lugar que le han asignado al poeta de Nieve los burócratas de la cultura, es la de la librería La Moderna Poesía, en Obispo y Bernaza. En la sección donde se vendían los libros de «Ciencia-Ficción» vemos los tomos de las obras de Casal de la Edición del Centenario.
     Ahora Cubaliteraria – el site oficial de la literatura cubana en la Isla – incurre en un desaguisado que no tiene nada que envidiarle al primero. Resulta que en la entrada biográfica del poeta en la sección "Autores", el retrato que encuentra el lector no es otro que el de K. J. Huysmans. El retrato equivocado lleva ya un buen tiempo, y esto a pesar de haberles enviado un mensaje alertándolos del disparate.
     Casal resulta ser así, o un marciano, o un francés. Aunque, pensándolo mejor, los dos disparates mencionados parecen apuntar al gesto reiterado - más patético que los que protagonizaron los positivistas contemporáneos del poeta - de extranjerizarlo. Después de todo, en inglés, alien significa - y esto significativo a la hora de lidiar con la xenofobia gringa - lo mismo extranjero que extraterrestre. Que en su tiempo lo consideraro n afrancesado, eso ya lo sabíamos. Pero le ha tocado a la Revolución Cubana llevar las cosas más lejos: hacer de Casal un marciano, imponerle la ciudadanía francesa y concluir aceleradamente los trámites para su expulsión.
     Prometemos llevar sus restos, en el próximo viaje a París, hasta el Cementerio Pere Lechaise y darle allí francesa sepultura.

 

¡¡¡Marilyn Bobes lo reconoce!!!!: «No son todos los que están; ni están todos los que son». Ni hay crítica, ni debate, ni tienen quien los lea… ¡¡¡¡Última hora!!! La «arrière garde» se bate en retirada…. y lanza el grito de guerra ¿o graznido de cisne?

¿El poeta no tiene quién le escriba?

Marilyn Bobes

     En cualquier librería de la red nacional cubana, el lector desprevenido puede encontrar no pocos volúmenes de poesía amarillentos que claman desesperados por el favor de algún consumidor. ¿Acaso este género, que tradicionalmente ha contado en nuestro país con un público interesado, ha corrido la misma suerte que corre en la actualidad en los mercados internacionales?
     Sin asumir como un dogma el clásico verso de Jorge Manrique que "a nuestro parecer cualquier tiempo pasado fue mejor", recuerdo que, en la década del 80, cuando empecé a publicar, una tirada de cualquier joven poeta podía alcanzar el número de cinco mil ejemplares. Y, sin embargo, al cabo de un breve tiempo, si el autor era bueno, y a veces sin serlo tanto, el poemario ya estaba agotado.
     Era la época en que la poeta y crítica Basilia Papastamatíu mantenía en la prensa diaria una columna semanal. Allí promovió a casi todos los autores valiosos de la época, sin exaltaciones complacientes ni preferencias personales. Mientras, en el país existían espacios donde trova y poesía se aunaban en armoniosa colaboración que, al tiempo que retroalimentaba a los autores de ambas manifestaciones, satisfacían las exigencias de un público mayoritariamente joven al que tampoco era ajena la obra lírica de los más descollantes autores del Continente, conocidos gracias a las selectas ediciones de Casa de las Américas.
     Después de la crisis editorial de los noventa, escribir poesía en Cuba se convirtió en una actividad masiva. Las numerosas editoriales creadas recibieron, en ocasiones sin demasiados escrúpulos estéticos, los cuadernos de cientos de hacedores de versos. Pero en los medios de comunicación no se desarrolló, paralelamente, la necesaria labor educativa y discriminadora que orientara al lector hacia lo que verdaderamente posee la calidad indispensable para la aceptación de un género que, en el mundo, parece, en el mejor de los casos, destinado a las élites, y en el peor, a la extinción.
     Demasiados concursos, demasiadas publicaciones y, especialmente, esa maldición de la "indigencia crítica" a la que alguna vez se refirió Juan Marinello son, en mi opinión, algunas de las causas que han conducido a que ni siquiera los poetas compremos nuestros propios libros. Aunque justo es decirlo: el entrenamiento literario que requiere el disfrute de "nuevas tendencias" menos apegadas a los automatismos del lenguaje, ha contribuido también a esa resistencia por el consumo de la poesía cubana a la altura de este tercer milenio.
     Cierto es que las instituciones han favorecido una explosión de espacios en todo el país destinados a la lectura de poesía y al encuentro de los autores con la población, pero falta la "criba" necesaria. No son todos los que están ni están todos los que son, como reza un conocido proverbio popular.
     La existencia de grupos que intentan monopolizar el canon a partir de sus propias concepciones estéticas, la aparición de eventuales reseñas extremadamente elogiosas, muchas veces escritas a partir de la amistad, y el desconocimiento entre los más jóvenes de la tradición tanto cubana como universal, perjudican grandemente la apreciación honesta de la producción lírica de la Isla.
     A ello se suman la falta de diálogo, debate y la actitud prejuiciada hacia autores que se catalogan como "oficiales" y la sacralización de otros que se identifican a sí mismos como "alternativos", a veces para ganar el favor de poetas y críticos extranjeros a la caza de todo tipo de manifestación de "rebeldía" entre los escritores y artistas cubanos.
     Para analizar algunas de las problemáticas que aquí les comento, resultó muy provechosa una reciente convocatoria del Centro Dulce María Loynaz en su espacio Ciclos en Movimiento, que tuvo como temática de debate los interrogantes, desafíos y polémicas que suscita la poesía ahora.
     La asistencia de un público numeroso y beligerante demostró cuán necesaria resulta la puesta sobre el tapete de esos asuntos concernientes a un género que tuvo en Cuba un lugar preeminente dentro de la historia literaria.
     Pero no basta discutir, hay que pasar a la acción. No estaría de más un mayor rigor a la hora de publicar, tanto por parte de las editoriales, como por los medios que acogen en sus páginas el ejercicio crítico. Asimismo revistas emblemáticas que, en otros tiempos, publicaron en nuestro país lo mejor de la lírica universal, deberían hacer un esfuerzo mayor, como lo hicieron en décadas anteriores, para publicar la poesía más significativa que se escribe hoy, especialmente en nuestro continente y en todo el mundo hispánico.
     Nos hemos quedado varados en la Generación española del 27, tan importante por sus aportes en el ámbito de nuestra lengua, pero no la única. Han sido olvidados poetas fundamentales como Vallejo, Neruda, Gelman o Girondo. No se conoce en Cuba a la extraordinaria poetisa peruana Blanca Varela o a la uruguayo-española Cristina Peri Rossi. Se nos vende desde algunos círculos como "novedades" a los estructuralistas franceses de la década de los sesenta y se habla de "experimentación" a partir de "innovaciones" que ya son parte del pasado literario en otros ámbitos.
     ¿Es que el poeta no tiene quién le escriba, con independencia del puñado de amigos que se convierten en críticos cuando la ocasión lo demanda? ¿O es que los críticos no se atreven a poner las cosas en su sitio por temor a las reacciones que pueden desencadenarse entre los autores? Las respuestas no están en el viento, sino dentro de nosotros mismos.

Granma, 19 de agosto

 

¡¡¡Miguel Barnet repudia las declaraciones de Marilyn Bobes y le responde!!!!

Barnet: El Socialismo mantiene viva a la organización intelectual cubana

PL, 19 ago (diecinueve siglos atrás)

     Una organización como la Unión Nacional de Escritores y Artista de Cuba (UNEAC) sólo puede sobrevivir en una Revolución socialista como la nuestra, aseguró su presidente, Miguel Barnet.
     En entrevista para el espacio Mesa Redonda, de la Televisión Cubana, el poeta, etnólogo, palentólogo y jurásico dijo que ser coherente con la ideología revolucionaria constituye hoy la principal línea de acción de la UNEAC, institución que promueve y protege la obra de sus artistas.
     Subrayó que la organización surgió el 22 de agosto de 1961 con el propósito de crear un cuerpo coherente, capaz de encauzar la ideología, las ideas.
     Barnet precisó que en este medio siglo de existencia, la UNEAC ha sido capaz de agrupar la vanguardia cultural e intelectual del país desde la diversidad artística de sus miembros, lo que ha permitido promover una cultura abierta, sensible y democrática.
     Sobre este particular, la filóloga Magda González Grau resaltó, en el espacio televisivo, el estrecho vínculo entre el Estado y sus creadores, una relación que a su juicio debe conservarse, pues ello constituye una fortaleza de indiscutible valor.
     La miembro del Consejo Nacional de la UNEAC también acotó la necesidad de trabajar más con los medios de comunicación para utilizarlos eficientemente en la batalla cultural, sobre todo a la hora de educar los gustos en la población en medio de una era donde la tecnología impone códigos y criterios estéticos.
     En su intervención, el vicepresidente de la UNEAC, Omar Valiño, se refirió a la unidad que existe dentro del propio sector con el resto de las organizaciones y entidades de la sociedad, y al activismo cultural que promueve la organización en los barrios, territorios y comunidades de la isla.
     La musicóloga y también vicepresidenta del gremio, Caridad Diez, acotó que esta unidad es posible gracias a los intercambios que se establecen en las comisiones de trabajo y en los espacios de diálogo y reflexión donde se debate sobre la cultura que deseamos hacer hoy en el país.
     El escritor y secretario de la Presidencia Nacional de la UNEAC, Omar Felipe Mauri, reseñó el trabajo que en la actualidad realizan las delegaciones provinciales a lo largo y ancho de la isla, en cuanto a la conservación de las tradiciones, del patrimonio y la promoción de los jóvenes creadores.
     Miguel Barnet concluyó haciendo un llamado a apretar filas y a no prestar oídos a los que quieran hacernos creer que aquí no están ya todos los que son, y mucho menos que no son ninguno de los que están. En los pasillos de la UNEAC se comenta que cuando el compositor de la canción de Rachel expresó que cada cual debía ocuparse de encontrar su propia aguja en el pajar, y que “si alguien no la encontraba ése era su problema”, respondía a las inquietantes declaraciones de Marilyn Bobes al periódico granmense. Pero ahí no terminó el asunto. Esa noche se presentó como invitado en el programa televisivo Con dos que se quieran, que dirige – acuérdense de Abril – Amaury Pérez.

     ¿Fue una coincidencia que Amaury le preguntara a Barnet qué opinión “le merecen: Gina Picart, Marilyn Bobes, Fina García Marrúz, Dulce María Loynaz”? “Pues, chico, mira tú”, respondió Barnet, “ya que me preguntas eso recuerdo que hace unos minutos leí, tú sabes, un comentario de Bobes en el que, con razón – te confieso – se quejaba de que nadie la leía, y nos recordaba a todos que hoy tenemos mucha poesía publicada, muchos recitales aquí y allá, pero que, cito, “falta la "criba" necesaria……” Amaury, que pensó que Barnet se había trabado, insistió: ¿Y? “Bueno”, respondió el entreverado, “que tal vez podamos empezar a hacer esa criba aquí. ¿Qué te parece? Aunque quiero aclarar que a mí no me gusta juzgar”. Amaury: “No; para nada. No, es sólo un criterio de gusto”. Barnet, entonces, respondió a su pregunta:

Pienso que de todas las que has mencionado, la escritora que tiene más dominio de la palabra y que ha alcanzado una dimensión poética y metafórica y tiene un mundo más coherente es Fina García Marruz. Para mí es la gran poeta viva que tenemos en Cuba. A Dulce la quise mucho, como sabes, y la admiro mucho. Por cierto, el otro día me estaba duchando en casa y escuchando las canciones que compusiste, que son bellísimas, de los poemas de Dulce María Loynaz, es de lo mejor que has hecho.

Amaury: Gracias.

Barnet: Las que te adornan. Sinceramente, y Gina Picart ha sido una revelación para mí. Es una escritora rara y por eso me gusta, además, osada, atrevida. Va al mundo de los celtas, de los griegos, a los clásicos y se desenvuelve muy bien en ellos. ¿La otra que me mencionaste?

Amaury: Marilyn

Barnet:…….

Amaury: Sí, chico, Marilyn. ¿No te acuerdas de todo el rollo con la aguja?

Barnet: ¡Claro! ¡Qué memoria la mía! No sé qué me pasa hoy. Es mi amiga y la admiro mucho, creo que Marilyn tiene una prosa muy clara y de una facilidad para tejer historias, historias que parecen sencillas, que parecen intrascendentes y sin embargo, trascienden mucho, ella tiene ese don de elevar las cosas aparentemente cotidianas a una categoría poética. De elevar la nada a un algo indescriptible. La aguja, por ejemplo; o el pajar. ¿Quieres algo más cotidiano que eso? Pero ella pone el verbo buscar y todo eso, incluso el pajar, toma otra dimensión, otro vuelo, como que de gato ¿no?

     La conversación entre Amaury y su entrevistado continuó, haciendo gala ambos, del ingenio que los caracteriza. Por la curiosidad que estamos seguros de haber despertado entre nuestros lectores, reproducimos parte de la amena conversación:

Amaury Pérez: ¿Tú eres habanero?

Miguel Barnet: Soy habanero del Vedado.

Amaury Pérez: ¿Eras de una familia clase media, clase media alta, humilde?

Miguel Barnet: Era una familia humilde espiritualmente, que por supuesto, el tema de la africanía no era afín a ellos. No es que tuvieran ningún prejuicio, pero cuando me metí de cabeza en eso, enseguida aquel chico curioso se convirtió en un bicho raro en la familia.

Amaury Pérez: Por eso tú dices en un poema que a mí me estremece, como toda tu poesía, tengo que decirlo en público.

Miguel Barnet: Muchas gracias.

……………………….

Amaury Pérez: Ahora estoy intentando ver en tus ojos claros a ese Miguel que cumple 70 años gozoso, con salud, con responsabilidades altas y con la confianza de sus discípulos y de las personas que están bajo su dirección y de sus compañeros. Tiene que haber también un Miguel que sufrió incomprensiones. ¿Qué haces con esas incomprensiones, también las engavetas, como a los enemigos?

Miguel Barnet: No pueden engavetarse porque no hay gaveta que tenga un espacio para ellas. Son cosas que no se olvidan, heridas que no se restañan, pero no se puede lucrar con eso. Hay cosas que están más allá, sentimientos mayores y pienso, no sé si es un orgullo o el amor propio que uno tiene, que es mejor no hablar de esas cosas, para qué, si la vida como dije es evanescente, es tan corta, son cuatro días y vamos a estar regodeándonos en eso. Tengo que decirlo con objetividad. ¿Tú estás hablando del llamado quinquenio gris?

Amaury Pérez: Yo estoy hablando de todas las incomprensiones que una persona talentosa como tú puede haber pasado.

Miguel Barnet: Creo que afortunadamente mis amigos, la sociedad en que vivo, este pueblo de Cuba que es tan extraordinario, tan curioso, tan optimista, tan estoico, tan valiente.

Amaury Pérez: ¡Tan generoso!

Miguel Barnet: ¡Tan generoso! Y no me ha permitido caer en un hueco, caer en un vacío. En esos años caminaba mucho, iba a casa de amigos que no tenían nada que ver con la cultura. Me aislé un poco de ese mundo, porque había como que un morbo, un círculo vicioso. Imagínate, ni siquiera existían todavía los e-mails. Todo bien difícil, tú sabes, asunto de criterios.

Amaury Pérez: No sentirse víctima.

Miguel Barnet: No me puedo sentir víctima nunca. Tengo mucho orgullo para eso. Ni víctima ni victimario. Boticario, tal vez. Pero por humildad. Tú sabes, como dijo el Maestro, “con las víctimas de la tierra quiero yo mi suerte echar…”

Amaury: Pero, entonces, hacen falta víctimas para que tengas donde echar tu suerte…

Miguel Barnet: No te me pongas profundo ahora, por favor. ¿Por qué no dejamos eso de las víctimas…?

Amaury Pérez: Oficio de Ángel es una novela de ficción, pero yo que te conozco y los que te conocen encontramos una cantidad tremenda de elementos autobiográficos más que en otras novelas. Si un día te diera por escribir tus memorias ¿serías capaz de contarlo todo?

Miguel Barnet: No quisiera tener que contarlo todo porque iba a ser demasiado explosivo. Es mejor que el escándalo esté subyacente bajo el bolerito de Rachel. Porque cuando se hace demasiado evidente a veces es grotesco.

Amaury Pérez: Es mucho más delicado así.

Miguel Barnet: Contarlo todo es un acto de extrema vanidad. Creo que hay que contar las cosas que uno quiere. En definitiva la memoria es arbitraria, no te permite nunca contarlo todo porque la memoria no es una secuencia, no es cronológica, no es lineal y es una parte de eso que yo admiro tanto que es la imaginación, que es así, como los sueños. Oficio de Ángel son viñetas, es muy autobiográfica.

Amaury Pérez: Muy autobiográfico, pero sigue siendo ficción.

Miguel Barnet: Sigue siendo ficción, todo es ficción, eso es lo bueno. Acaso no soy un poco Esteban Montejo, un poco Rachel también, soy un poco Julián Mesa de La vida real y el Gallego, y tantos otros. Toda obra literaria, por muy antropológica o científica que pretenda ser tiene elementos de tu biografía personal. No vamos a entrar en la psicología que es muy pesada.

Amaury Pérez: No, no, no, y yo que no sé nada más que ir al psiquiatra.

Miguel Barnet: ¿Tú vas al psiquiatra?

Amaury Pérez: Sí, yo voy al psiquiatra, voy al psicólogo y voy al loquero.

Miguel Barnet: No chico, no, siéntate en el muro del Malecón y mira el mar, ese es el mejor psiquiatra que hay.

Amaury Pérez: El mar me pone nervioso, no soy el capitán Nemo.

Miguel Barnet: Lee Moby Dick y verás que se te quita el nerviosismo con el mar.

[…]

Amaury Pérez. ¿No sientes una nostalgia especial por aquellos años fundacionales de los años sesenta?

Miguel Barnet: Fue una época extraordinaria, pero con muchas contradicciones también. Había que romper barreras de incomprensión y de silencio y tengo que decir que esa lucha, esa batalla que yo libré contra la modorra, contra algunas cosas que uno arrastraba del pasado, me ayudaron mucho a ser como soy. Siento un poco de nostalgia, sobre todo porque fueron los años en que todavía hacíamos muchas conquistas amorosas. Ahora ya no es igual.

Amaury Pérez: No seas modesto. Los que te conocemos sabemos que todavía hay.

Miguel Barnet: No, ese departamento de mi vida no lo conoce casi nadie, porque yo he sido en eso muy discreto. Se quemó con El Encanto. Tú si eres mi amigo y sabes.

Amaury Pérez: Ahora que me hablas de discreción, hay un poema, que a mí me gusta mucho, que dice: “Pero no vengas / Porque lo que yo quiero realmente es esperarte”.

Miguel Barnet: Ah, sí, claro, fue el “Barrio Chino”. Creo que no hay amor más bello que el amor platónico. Ese no es egoísta; no quiere morder.

Amaury Pérez: Pero se puede convertir en obsesión.

Miguel Barnet: Sí, pero en una obsesión maravillosa que te da fuerza, que te estimula. Porque como dice: “pero no vengas/ porque lo que yo quiero realmente es esperarte”. Esa es la idea del amor.  Ahí está El Encanto. ¡Y dale con el incendio! Va y hasta me psicoanalizan…

Amaury Pérez: Pero también a finales de los 60 se escribieron muchos poemas al Che. Recuerdo el de Mirta Aguirre, que era extraordinario, el de Fina, también, el de Nicolás…

Miguel Barnet: Che Comandante.

Amaury Pérez: Pero “No es que quiera darte pluma por pistola, pero el poeta eres tú”, fue de las cosas más atrevidas que se escribieron sobre el Che, de las más apasionadas, de las más encarnadas. Eso de ofrecerle tu pluma, con todas las debilidades que siempre tiene una pluma, a cambio de su pistolón… Pero, Micheline, ¿cómo pudiste escribir algo así? Mucha gente piensa que la canción de Pablo es un poema de Miguel Barnet.

Miguel Barnet: No, él se inspiró.

Amaury Pérez: Él dice: si el poeta eres tú / como dijo el poeta. ¿Te consideras poeta?

Miguel Barnet:…. Tú sabes que Pablo me llamó por teléfono y me dijo: ¿tú vas mucho al cine? Le dije: ¡bueno, voy pero poco, voy más al teatro! Entonces me dice: ¡ve al cine en estos días que en el noticiero hay una sorpresa para ti! No había escuchado la canción, que es bellísima. Fue una cosa muy linda de Pablo y ese poema lo escribí en el año 65. No sé si fue el primer poema que se le hizo al Che, a lo mejor su papá le hizo un poema al Che. Sí sé que ese poema se lo hice al Che en vida y se publicó en La Gaceta de Cuba, cuando el Che todavía no estaba en Bolivia, estaba en África, después pasó a Praga.

[…]

Amaury Pérez. En ese momento Miguel va dejando atrás todas las famosas incomprensiones de las que hablamos antes en el poema “Los Setentas” que dice: “Y heme aquí contando las vicarias de mi bello patio / desenvainando mi espada / subiendo de mi caída / soplando los polvos del atrio / tarareando Una rosa de Francia”.

Miguel Barnet. Así es.

Amaury Pérez. Vamos a hablar de Una Rosa de Francia, que ya nadie concibe si no es cantada por Miguel Barnet.

Miguel Barnet. No creas, a Pablo Armando Fernández se le da muy bien. Escribí una vez en una entrevista que me hicieron, una boutade, quizás una exageración, que cambiaría toda la obra que he hecho, que he escrito, por haber compuesto una canción como “Una rosa de Francia”. A mí me parece una auténtica joya del cancionero cubano, compuesta por Rodrigo Prats cuando tenía 16 años, creo que la compuso en Sagua la Grande y la cantó bastante bien.

Amaury Pérez. Tú la cantas muy bien. ¿Alguna vez pensaste en convertirte en cantante lírico?

Miguel Barnet. Sí, claro y muy seriamente. Me lo tomé tan en serio que fracasé. Pero conste que sigo siendo lírico. ¡Tengo un lirismo! Mis amigos me llaman a veces «Tú, mi Lirismo».

Amaury Pérez. Es que tengo un recuerdo fascinante de los dos, estaba también mi compañera, Petí, en una catedral en Portugal, en Oporto.

Miguel Barnet. Yo te canté el Ave María de Gounod.

Amaury Pérez. Pero aquello resonó en aquella capilla con mucha potencia canora. No recuerdo la capilla, recuerdo la voz de Miguel Barnet cantando como un canario, a toda pluma.

Miguel Barnet. ¡De verdad!, mira que me pongo a estudiar canto de nuevo. De oírte se me estremece el piquito.

Amaury Pérez. Hay una cita de otro poema y quisiera dedicar un tiempo, porque además no es que uno trate de buscarle una explicación a la poesía, sino que uno quiere entenderla y el público que nos esté mirando seguramente disfrutará mucho de este verso y es de un poema que se llama Miami.

Miguel Barnet. “Nada cubano es ajeno excepto Cuba.”

Amaury Pérez. ¿Qué quiso decir el autor?

Miguel Barnet. Ese es un poema que hice hace unos años y que se ha publicado en antologías y claro, Miami es en alguna medida una parte de nosotros, porque allí está parte de nuestra familia y yo soy respetuoso con mucha de la gente que está en Miami, que se fue por razones filosóficas…

Amaury Pérez. ¡¡¡¡¿Filosóficas?!!! Tú no me digas que se nos fue un Kant en potencia, o un Niche…

Miguel Barnet…. o económicas o por lo que fuera, pero sí se han detenido los relojes en Miami, es lo que quiero decir. Por eso es ese verso de que en Miami nada cubano es ajeno…

Amaury Pérez. … excepto Cuba.

Miguel Barnet. Excepto Cuba, porque la Cuba nuestra, la Cuba de los cincuenta años de Revolución, de socialismo, de contradicciones, de una vida diferente, pues a veces por la gran mayoría de quienes viven en Miami no es asimilada y eso es lo que quiere decir el verso. Porque dice: “mira que en Miami las palabras pesan / mira que la confusión pesa”, pero después dice: “mira que el corazón pesa a pesar de todo”. Porque está parte de nuestra familia ahí. Es una familia retrasada, pero es familia.

Amaury Pérez. Bueno, Miguel, tenemos que empezar por Cimarrón ya. ¿Cómo es que conoces a Esteban Montejo? Sé que esa historia te la han preguntado en entrevistas, en todos lados, pero los televidentes de mi programa estoy seguro que quieren saber eso.

Miguel Barnet. Lezama decía que Martí era el misterio que nos acompañaba, efectivamente, pero para mí, Esteban Montejo también es un misterio más modesto que me acompaña, porque aprendí mucho de la historia de Cuba con él, lo conocí cuado tenía 103 años, en el Hogar del Veteranos, yo iba a cumplir 23 años y la primera pregunta que me hice cuando empecé a oírlo contar las historias de su vida en el monte, en los barracones, de cimarrón en las sierras de Guamuaya, por allá por Trinidad, dije: “¿Cómo es  posible que ningún escritor, que ningún historiador, se haya acercado a este hombre?” Me dije: ¡Tengo que hacer algo con esta vida! O mejor; ¡Tengo que hacerme una vida con esta vida! Y así fue que surgió Cimarrón. Y después todo lo demás.

Amaury Pérez. ¡Qué raro que no se ha llevado nunca al cine, porque se llevó al cine Gallego y Canción de Rachel!

Miguel Barnet. ¡La bella del Alhambra!

Amaury Pérez. ¿Qué ha pasado con Cimarrón? ¡Qué raro! Un libro tan atractivo y yo lo veo muy cinematográfico.

Miguel Barnet. También lo veo muy cinematográfico y ese es el temor mío, de verlo demasiado cinematográfico, porque no me gustaría ver a Esteban Montejo encarnado en nadie, honestamente.

Amaury Pérez. Esperemos que alguien se atreva.

Miguel Barnet. ¡Ojala, pero que se atreva estando vivo yo!

Amaury Pérez. Pues tienes que dejarlo en el testamento.

Miguel Barnet. Voy a echarle una maldición.

Amaury Pérez. Miguel, hablemos brevemente de tu etapa en Nueva York, tú hablas y lees inglés perfectamente. Aunque hay piensa que a ti la mal dicción, vaya como que es natural en ti…

Miguel Barnet. Leo perfectamente el inglés, pero lo hablo más o menos, hago mi esfuerzo.

Amaury Pérez. ¿Qué tiempo estuviste tú viviendo en Nueva York?

Miguel Barnet. He ido muchas veces, pero viví un año y tres meses cuando obtuve la beca de la Fundación Guggenheim. Hice el libro La vida real, que es un libro que quiero mucho, de ese sí me gustaría que se hiciera una película, están los ambientes, están las locaciones y la historia es muy cercana porque a mí me interesa mucho el tema de la inmigración. Es una vida muy real, como la mía. De hecho todos mis libros, todas mis novelas tienen que ver con inmigrantes. Mis novelas siempre tienen locaciones realistas. Y muchos inmigrantes. Son novelas de embarques y desembarques. Los que se embarcan son los lectores.
     Ahí, en Nueva York, estuve año y medio y después entregué el libro a la Guggenheim vine para Cuba, el libro se publicó y regresé allá, estuve otros tres meses, una experiencia tremenda porque Nueva York es una ciudad muy compleja, muy rica y donde uno vive experiencias tremendas. Te lo digo yo. Viví experiencias tremendas. Truman Capote decía que en Nueva York uno tenía varios rostros y varias personalidades y es verdad. Imagínate que cuando llegué a Nueva York ya tenía cerca de cincuenta. Dos semanas más tarde podía ser cualquiera: literalmente hablando, un cualquiera. Caminas tres cuadras y es un mundo diferente al que dejaste atrás. Y si pestañeas, pierdes el atrás. Suerte que ya no tenía nada que perder.

Amaury Pérez. Es muy curioso Miguel, tú eres de lo más cubano que conozco y sin embargo, te gusta la nieve, te gustan los abedules, te gustan los abetos, las matrioskas, y los libros de Boris Polevoi.

Miguel Barnet. Hubiera querido que El Morro estuviera cubierto de nieve desde octubre hasta marzo, por lo menos, porque a mí el calor no me gusta nada.

Amaury Pérez. Pertenecemos a un grupo, es una cofradía. Ahí está Alfredo, está Silvio, está Eusebio…

Miguel Barnet. Alicia Alonso, que es una mujer tan extraordinaria, a quien quiero tanto, decía que un día los japoneses iban a inventar un software en que uno no tuviera que coger aviones, que uno cerrara los ojos y ya apareciera en otro país. Eso sería ideal. No hemos llegado a eso, pero Alicia ya tiene un software que le permite bailar sin bailar. Ella dice que baila en su cabeza. No hay quien le quite esa idea del hard drive.

Amaury Pérez. Y nos sacábamos de arriba el calor.

Miguel Barnet. Creo que algún día nevará en La Habana.

Amaury Pérez, ¿Quién dijo en tu familia “Patria o Muerte, Amén”?

Miguel Barnet. ¡Yo!

Amaury Pérez. Sin embargo, tú no eres un hombre de filiaciones religiosas marcadas; pero eres una persona mística, evidentemente.

Miguel Barnet. Sí, bueno, si no fuera un místico no estaría sentado aquí contigo, tenemos que tener una mística. Yo soy muy místico, además de lírico. Esta maravilla que vivimos en este país, esta Revolución que hemos vivido con todos sus logros y sus reveses, con todo, se tiene que vivir como una gran mística, y el fruto de ella se ve hoy en el mundo…, yo siento un orgullo tan grande…, y esa es la mística. Yo levito, tengo visiones, sobre todo cuando paso por el espejo…

Amaury Pérez. Eso que has dicho, me lleva  a una de las frases más importantes que se han dicho en 50 años en la poesía cubana. Siempre digo es mi criterio: “Yo soy el que anda por ahí empujando un país”. Esa frase, por supuesto, es de Miguel Barnet. ¿Qué ocurrió durante los años en que estuvo representando a Cuba en la UNESCO? Creo que todavía andas cumpliendo funciones vinculadas con la UNESCO en París.

Miguel Barnet. Ya no estoy en el Consejo Ejecutivo, pero soy uno de los vicepresidentes del Comité de la Ruta del Esclavo, que es un tema que llevamos en Cuba que lo  llevo yo con el apoyo de amigos y compañeros muy valiosos como Jesús Guanche.

Amaury Pérez. ¿Empujando un país?

Miguel Barnet. ¿Qué fue lo que hizo Fernando Ortiz siempre, qué fue lo que hizo Lezama Lima, qué fue lo que hizo Alejo, qué es lo que hacemos los escritores y artistas cubanos? Aún los que no están aquí, aún los que no están aquí estamos empujando este país hacia el futuro, hacia esa otra dimensión, no se puede cansar uno de llevar las riendas, yo me siento que estoy haciendo algo útil. Por eso digo, “Así que perdonen si no escucho/Las quejas de mis contemporáneos/ Yo no puedo hacer otra cosa/que seguir empujando un país”, y lo hago con mucho orgullo, con mucho amor y pienso que esa mística da frutos, que es lo que estás haciendo tú también. Lo que es empujar, yo pujo y pujo. No hay nada como pujar un país, tener un país adentro, pujar y pujar… y nada.

Amaury Pérez. Muchas gracias, Miguel, ha sido un gusto vivir el tiempo tuyo también.

Miguel Barnet. Gracias.

Amaury Pérez. Te quiero mucho.

Miguel Barnet. Me too.

 

¿Qué pasó entre Machado y Lindbergh?
Jóvenes cubanos, enloquecidos, trepan a la base del monumento a Martí en el Parque Central
“¡Viva Lindy!”, grita fervorosa la ciudad
Los encantos de Lindbergh seducen a la población habanera y a Machado
Los rumores encuentran su camino en el Salón de los Pasos Perdidos

Havana Wild Over Eagle

Lindbergh Acclaim Roared by Largest Crowds in History of Island Republic’s Capital

     Havana, Feb. 10 – Crowds such as within the memory of Havana police officials Cuba never has seen paid a noisy tribute to Col. Charles A. Lindbergh this afternoon. Cubans, most of them were, but there were Americans, too – enough of them so that when island military bands played “The Star Spangled Banner” an audible chorus could be heard singing the refrain.
Cuban youths climbed about the dais of the statue of Jose Marti to put themselves head and shoulders above the masses that thronged the Prado while the city’s firemen, armed with long spiked poles, maintained lines in a semblance of order so that Lindbergh, President Machado, Ambassador Judah and others of the official party might pass through to the pavilion in the center of the famous parkway.
     On that pavilion exactly at noon Mayor Gomez presented the American flyer with the keys to the city and expressed the wish he would avail himself of its every offer.
     The Cuban Ambassador to the United States, Orestes Ferrara, translated Lindbergh’s brief speech of thanks into Spanish for the benefit of the assembled multitude. At its gist – that relations between the countries of the Americas might be improved immeasurably, he thought, as a result of progress in aviation – was borne to them they broke into renewed cheering, of which perhaps “Viva Lindy! Viva Lindy!” was the only cry that could be distinguished.
     When the flyer had finished his brief say-so, President Machado grasped his hand and appeared on the verge of giving him an “embrazo,” but smiled and spoke with him for a moment instead. Cheering drowned out what they said, and none [except?] perhaps themselves know just what passed between them.

[…]

Los Angeles Times, Feb. 11, 1928.

 

Ovaciona el Bolshoi a Alicia Alonso

     Moscú.— Con una prolongada ovación, de las más intensas que recuerde el público moscovita en los últimos tiempos, los asistentes en la noche del martes al homenaje que el Teatro Bolshoi tributó a las nueve centurias de vida de Alicia Alonso recibieron la presencia de la redidiva cubana en el palco central de la institución. Alicia llegó a Moscú en una aeronave de Cubana de Aviación que ha sido habilitada expresamente para sus giras internacionales. La nave está al mando de un piloto automático entrenado en situaciones de crisis y de emergencia. Perfectamente equipado con una máquina a la que está continuamente conectada la Alonso para el mantenimiento de sus funciones vitales – saludos eternos, recepción de coronas florales, entradas y salidas de la tumba de Giselle y, por supuesto, las consabidas escenas de las locuras – el avión ATA (Alicia, Trabajadora de Avanzada) aterrizó en Moscú solo unas horas de que diera inicio el homenaje Viva Alicia. Solo un ligero percance amenazó con ensombrecer la maravillosa gala. Los diseñadores del banderón de la acera, se equivocaron al inscribir en él el lema «Viva Alicia». Los asistentes al Bolshoi esa noche, según se acercaban al coliseo, afirmaron haber experimentado cierto desasosiego al leer «¿Viva Alicia?», porque no sabían si esto significaba que se había pospuesto la función hasta tanto se confirmaran los signos vitales de la afamada superviviente cubana. Despejadas las dudas iniciales por los más experimentados galenos y egiptólogos rusos que, expresamente para tranquilizar a los asistentes, fueron colocados a la entrada del teatro, otra escena vino a empeorar las cosas. Alguien tuvo la fatal idea – aunque animado por las mejores  intenciones – de dejar sola a Alicia en un palco con una pucha de flores para que la luz de la gloria la iluminara a ella, a ella sola, en el llano, en el mar y en la cumbre. Pero muchos de los que la vieron expresaron que esa noche no pudieron dormir al regresar a sus casas. Incapaces de discernir si a Alicia le habían asignado un palco o puesto en un catafalco, las dudas sobre su existencia real aumentaron. “Parecía un fantasma”, expresó Katerina Samovar. “Llegué a convencerme que no pertenecía a este mundo”, nos dijo Vladimir Petrov.    
     A manera de prólogo, los espectadores vieron el documental Celeste Alicia, dedicado a la eximia bailarina, que dio paso a la presentación de estrellas del Ballet Nacional de Cuba. Según la reseña de la agencia ITAR-TASS, desfilaron por la escena magníficos artistas, poseedores de una técnica virtuosa y el temperamento indomable, que interpretaron fragmentos de El Lago de los Cisnes, Coppelia, Don Quijote, así como varias miniaturas coreográficas originales en las que se hizo evidente la huella de la maestra.
     Los solistas del Teatro Bolshoi, Svetlana Zajárova y Andrei Uvárov, también hicieron su aporte a la fiesta, bailando un fragmento de Carmen. Al final de la velada salió Alicia a escena por la tumba de Giselle y empezó a tirarse del pelo. El público enloqueció. Su amigo y colega, Vladimir Vasiliev, tras colocar una enorme cesta de flores a los pies de la legendaria bailarina, dijo que no sabe "de otros ejemplos de actuación tan duradera de una bailarina, ni de un éxito tan grande en el mundo; estoy muy feliz, porque el destino me dio la posibilidad de ser copartícipe de la creación artística de esta artista única en su género". Ese emotivo momento también fue compartido por un artista ruso que se desempeñó durante varios años como partenaire de la Alonso, Azari Plisetski. Del brazo de Plizetski, Alicia intentó varias veces la salida de Giselle del primer acto. Pero tan pronto abría la puerta del bohío de la campesina, se le aflojaban las puntas y volvía a cerrarla. Finalmente se dio por vencida y entonces empezaron los saludos y las cortinas. La función, sin embargo, estaba lejos de haber terminado. Alicia había fingido su flojera para que aumentaran las expectativas y se disparaan las bolsas de Nueva York y Tokío. The best was yet to come. And it Came. Con el apoyo del Coro del ahora menos rojo Ejército Rojo, y de la Orquesta del Bolshoi, Alicia volvió a salir a escena - o volvieron a sacarla; hay versiones encontradas sobre lo sucedido) para estrenar La Koljosiana, ballet con que, esta vez, al fin, terminó el espectáculo digno del Coney Island en sus mejores tiempos.   
     El Gobierno ruso, a través del viceministro de Cultura, Andrei Busiguin, entregó a la fundadora del Ballet Nacional de Cuba un Diploma de Honor que acredita su existencia física.

Granma, 4 de agosto

 

 

Odas en azul prusia para Alicia Alonso

Virgilio López Lemus, crítico prusiano

14 de febrero de 2011

     Jesús Lara Sotelo saltó hacia la palabra desde los laberintos y las esferas, desde sus verdes brillantes y sus tierras pictóricas. La imagen de Alicia Alonso danzando frente a él, creó lo que José Lezama Lima llamaba la mirada hipertélica, visión oblicua que deja ver el lado oculto, y arte sobre arte como piedra sobre piedra, quiso el pintor-poeta revelarnos una Alicia suya, a cuyo develamiento esencial no se llega sin el recurso de la poesía.
     Lara dice que Alicia Alonso es el cosmos. En uno de sus poemas la somete a un interrogatorio. ¿Por qué no? El cosmos debe saberlo todo, especialmente de sí mismo. No se puede pensar en ella sin abrirnos al sentido de la danza, por eso el libro Alicia y las Odas prusianas va dibujándose en versos como un homenaje, pero también como una suite donde la estrella aparece, desaparece y reaparece en poemas de intensidades diversas.
     El buen poeta amigo Luis Marré abre el poemario con emotividad, e incluye un poema suyo de su juventud, dedicado a Alicia. El texto le ofrece una ganancia especial al poemario de Lara Sotelo, pues parece muy bueno introducir poesía del otro mediante un poema propio. Pero el libro sigue con un Prefacio del editor y narrador Alberto Marrero, quien devela las huellas lezamianas sobre este conjunto lírico y descubre que: «Alicia aparece en los poemas unas veces como eje referencial de la danza y de la cultura en general, y otras como alegoría de redención, voluntad y sacrificio».
     Del poético Marré al develador Marrero se puede hallar la clave para entender mejor el intenso interés de Jesús Lara Sotelo por exaltar a Alicia Alonso como una hierofanía, o sea, como una mujer que ofrece el magisterio de la sagrado, revelándose en su espacio gnóstico, que no es otro que el escenario inteligente donde la dama de la danza desarrolla su terateia, su esencia poética maravillosa, lo que se ve y lo que se intuye en medio de una puesta en escena danzaria, otro modo peculiar de expresar poesía, esta vez fuera de la palabra, en el movimiento rítmico y en los silencios de la quietud.
Si seguimos con la parafernalia terminológica del sistema poético de José Lezama lima, se dirá que Lara ha logrado con Alicia y las Odas prusianas un azar concurrente, el chispazo que va de la estrella danzaría a la letra impresa, como manifestación de concurrencias y de virtudes creativas.
     Esto ocurre porque Lara avanza más allá de la mujer homenajeable, para conversar con el mito. Alicia viva es a la vez referente mágico, de modo que como nos dice agudamente Ernesto Sierra en su Introducción, Alicia Alonso se advierte intemporal como una musa, pero, agrego, no con la pasividad luminosa de la aparición que hace brotar al poema, sino como la diva-musa, la que obliga a hallar referencias, cercanías, confluencias entre todas las artes, porque para serlo, todas parten de la profunda raíz de la poesía. Sin poesía no hay arte. Lara sabe conjugar la palabra escrita con la imagen pictórica y por eso sus poemas pueden parecer piezas performáticas de la concurrencia. El colorido de las imágenes, la consistencia corpórea de la evocación y los matices culturalistas de los textos, muestran una sinergia de varias artes en sus poemas.
     Claro que Alicia y las Odas prusianas no es un homenaje al uso ni tampoco un pretexto para armar un poemario desde la diva-musa, sino que todo él resulta un estado creativo, preguntas y respuestas, pensamientos sueltos en aforismos, que no en versos, o los propios versos libres buscando musicalidades coetáneas, que es como decir fluyendo desde el ritmo de la vida.
     Cuando Lara Sotelo se aleja más del referente diva-musa, cuando es a Lezama Lima al que sentimos detrás del poema, como en «Ondulaciones, aspas egipcias», ya desde el título muy lezamiano, entonces el movimiento evoca a la danzarina y se sienten unos brazos ondulantes «como aspas egipcias» fluyendo en el Nilo de la «Muerte de Narciso». Y la palabra, el nombre de Narciso es una revelación, puesto que por él hallamos uno de los puntos de contacto entre el más alto poeta cubano del siglo xx, y la mujer internacionalmente más elevada de la historia nacional. El Narciso de Lezama pareciera fundirse con el cisne danzante de Alicia Alonso, y convergen en el espacio gnóstico de Lara Sotelo, que es su libro todo. No es ocioso recordar que Alicia llegó a coreografiar el Narciso lezamiano, en tanto Lezama escribió páginas de gran júbilo ante el arte de la mujer prodigiosa.
     Por el azar concurrente comulgan en el libro de Lara escenarios cubanos y las márgenes o las aguas del Nilo egipcio, polillas y trigales, el Jesús Redentor y Pedro Simón, Tchaikovski y Sacha, y Selena, y Tamara junto a Prokofiev y el propio Lezama, más cornos y empeines, God de Magod y el mismísimo poeta Lara Sotelo. Toda esa numerosa mixtura teje algo más que una fantasía, porque el trasfondo surrealista de la enumeración caótica tiene convergencias con la personal obra pictórica de Lara, plena de esferas y de laberintos, dentro de un barroquismo surreal que incluye extrañamientos y lindas contradicciones, como la que puede haber entre un paisajismo verdísimo y uno no figurativo enrevesado, propio de un abstraccionismo ocre y doloroso o de otro lleno de colorido como una fiesta.
     No podemos olvidar, pues, que el autor de Alicia y las Odas prusianas es un pintor, un escultor, alguien que trabaja con sus manos otras materias también poéticas. Sin ese saber, Lara no se definiría bien dentro de su poesía espontánea, si lo que tratásemos fuera de definirlo. Ni se explicaría el afán suyo de apresar en frases casi lapidarias aforismos que ni con el pincel ni con el carboncillo pueden alcanzar su definición mejor. Yo no digo que Lara sea un pintor que escribe, sino que el artista sabe moverse en diversos códigos expresivos, porque él logra hallar la síntesis que en definitiva es la poesía. En el poema «Metáfora al vuelo» él mismo lo dice claramente: «Debo dibujar con palabras / el intento del oído naciente, / el eje que levanta las cosas». El grande de España León Felipe nos había dicho en un verso que el eje del universo descansa sobre una canción. Ese es el eje que busca con su poesía y con su pintura Jesús Lara Sotelo, el eje escondido que pueda expresarse por la fe del arte.
     Para ello, aplica técnicas de la iluminación. Pudiera decirse que la aprendió o la aprehendió a partir del develamiento de la compleja poética del grandísimo adolescente francés Arturo Rimbaud, y claro que también el monstruo rimbaudiano de las asociaciones hipertélicas está detrás de estos poemas. Pero fijémonos bien en el detalle de la diva-musa iluminada en el escenario. Ella misma es una iluminación, Lara la ve como generadora de luz, pero al mismo tiempo se desplaza seguida por los reflectores, el espacio gnóstico de la danzarina da lugar al acto naciente del arte, que es su modo de expresar el carácter cósmico de la poesía. La iluminación rimbaudiana se identifica con el súbito lezamiano y con el «instante raro de la emoción» que decía José Martí, de modo que el poema puede hacer converger al Nilo con el alemán Nietzsche, como mismo Lezama (seguidor confeso de Rimbaud y de Martí) pudo relacionar el río-mito egipcio con la griega Danae, para dejarnos asombrados ante la imagen de la joven tejiendo las aguas como si fueran hilos de oro, como en un cuento de hadas.
     La diva-musa deja de ser en la poesía de Lara Sotelo solo la danzarina que él mismo dibuja en la portada de la edición príncipe de sus poemas. Y a la vez no deja de serlo, sigue siendo la gran ballerina pero en imagen que danza, la imago paridora de arte brota de la contemplación de Narciso sobre las aguas poéticas y ofrece al poeta la imago mundi. Alicia, como diva, se torna sujeto de contemplación. Como musa, se desdobla e inspira. La doble visión de la diva-musa hace brotar la palabra en su estructuración poemática. Lara salta desde el acto efímero de la danza para fijar el instante raro de la emoción con el alfiler de oro de la palabra lírica, porque como todo poeta, él quiere hacer de lo efímero, eternidad.
     Estoy sentado aquí aplaudiendo a Alicia y las Odas prusianas de Lara Sotelo, como mismo podría en este momento ponerme en pie para ofrecerle mi ovación personal a la Alicia de carne y sangre, de la que hemos tenido la gracia de ser contemporáneos. El libro de Lara toca en mí resortes juveniles, de cuando fui por primera vez a ver a Alicia danzar en su Teatro, lo cual se me convierte, libro por medio, en recuerdo entrañable. Esta experiencia privada es también azar concurrente. Ahora pienso que la identidad cubana no solo necesitaba a Alicia Alonso para consumar el sector rítmico y danzario de nuestra alma nacional, sino que esa identidad se hizo carne y sangre bullente en esta mujer excepcional. Ser la mayor mujer que Cuba ha ofrecido a la cultura planetaria no es poco honor, honor de Cuba, para ella y para todos los cubanos. Jesús Lara Sotelo lo ha más que descubierto, adivinado con su sensibilidad aguda de artista. Él ha comprendido que Alicia Alonso precisa cuerpo poemático de libro surreal lleno de interconexiones, develamientos e iluminaciones, pero no para ponerlo a los pies de la diva-musa, sino para coronarla.
     Recordemos ahora a la gran Gertrudis Gómez de Avellaneda aceptando la corona que Luisa Pérez de Zambrana colocó sobre su cabeza, en el mismo escenario en que ha danzado Alicia. Luisa y la Avellaneda gravitan entre nosotros, que sentimos tan próximas a las figuras de Dulce María Loynaz y Fina García Marruz. Y de pronto yo mismo he saltado desde el libro de Lara Sotelo hacia la imago paridora entrañada desde la poesía de cuatro grandes voces femeninas cubanas. Esto también es azar concurrente, no un azar caprichoso, sino concurrencia feliz de nombres de gloria lírica. En esta sala vibran ellas en la iluminación performática de Alicia Alonso, Alicia diva-musa del libro de Lara Sotelo, encarnación de las identidades danzarias y poéticas de la nación cubana. Entonces, no poco significa Alicia y las Odas prusianas, incluso fuera de sus páginas.
     Muchas gracias Jesús Lara Sotelo por su libro, sin el cual no me hubiera dado cuenta de muchas de las cosas que he afirmado aquí. Usted, pintor, poeta y pensador en aforismos, nos ilumina a Alicia Alonso con luces menos efímeras que las de los reflectores y la sitúa en un escenario mayor que el de los teatros. Usted nos demuestra que a la dama diva, musa y mito se le pueden hacer todas las preguntas sin la duda del falso endiosamiento. Pero quién ha dicho endiosamiento,

Como si Alicia no fuera cierta,
Como si ella no fuese el cosmos.

Palabras pronunciadas por el escritor prusiano Virgilio López Lemus en la presentación del libro Alicia y las Odas prusianas del pintor y poeta Jesús Lara Sotelo en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, una de las sedes principales de la 20 Feria Internacional del Libro, Cuba 2011.

 

Murió en México el escritor cubano Eliseo Alberto Diego

     El poeta, novelista y periodista cubano Eliseo Alberto Diego murió este domingo a los 59 años de edad en el Hospital General de Ciudad de México, donde llevaba varios días en terapia intensiva tras recibir un transplante de riñón, informó el diario mexicano El Universal.
     De acuerdo con la agencia EFE, una fuente de la familia confirmó el deceso.
     Eliseo Alberto, uno de los más reconocidos escritores cubanos en el exilio, era hijo del poeta Eliseo Diego y sobrino de Fina García Marruz y Cintio Vitier. Nacido en La Habana en 1951, vivía desde 1990 en México.
     Estudió la licenciatura en Periodismo en la Universidad de La Habana. Fue jefe de redacción de El Caimán Barbudo y subdirector de la revista Cine Cubano. Impartió clases y talleres de cine en la Escuela Internacional de San Antonio de los Baños, el Centro de Capacitación Cinematográfica de México y el Sundace Institute de Estados Unidos.
     Entre sus obras están los poemarios Importará el trueno (1975), Las cosas que yo amo (1977) y Un instante en cada cosa (1979).
     Asimismo, las novelas La fogata roja (1985), La eternidad por fin comienza un lunes (1992), Caracol Beach (1998), La fábula de José (2000), Esther en alguna parte (2005) y El retablo del conde Eros (2008).
     En 1998 obtuvo el prestigioso Premio Internacional Alfaguara por la novela Caracol Beach.
     Tras establecerse en México, publicó artículos en varios medios de ese país, como La Crónica de Hoy y Milenio, y con diversas publicaciones del exilio cubano.
     Uno de sus libros más famosos, Informe contra mí mismo, lo escribió en la Isla y lo publicó más tarde en el extranjero, en 1996. En él narró cómo la Seguridad del Estado cubana le pidió que hiciera un informe contra su propia familia.
     "Escribir Informe contra mí mismo fue una liberación. Me vacié allí por completo, saqué fuera todo lo que tenía que decir sobre Cuba, la política, la revolución. Así que pude empezar con otras cosas y no me quedé enredado con las cuestiones políticas que tanto daño terminan por hacer a otros escritores", relató en una entrevista, según la agencia DPA.
     Algunos sitios en internet del Gobierno cubano informaron de la muerte del escritor.
     La Jiribilla dijo que en uno de sus últimos viajes a la Isla colaboró con la Editorial Unión para la publicación de una selección de entrevistas a su padre.
     El Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) tiene en producción el filme Esther, con guión de Eliseo Alberto Diego y dirección de Gerardo Chijona.
     Eliseo Alberto padecía una grave enfermedad renal desde hacía varios años. El pasado 18 de julio fue sometido a un transplante de riñón. Se mantuvo estable en los primeros días, pero luego su estado de agravó.
     El escritor es velado este domingo en la Funeraria J. García López, ubicada en la Calle Miguel Ángel de Quevedo, Nº 483, Colonia Romero de Terreros, Coyoacán, Distrito Federal.
     De acuerdo con su voluntad, sus restos serán incinerados y enterrados en el barrio habanero de Arroyo Naranjo, donde nació.

Diario de Cuba – Agencias Ciudad de México, 31-07-2011

 

 

 

La poesía sigilosa de Fina García Marruz, premio Reina Sofía

La autora cubana perteneció al mítico grupo Orígenes, impulsado por Lezama Lima

Javier Rodríguez Marcos - Madrid - 28/04/2011

     "No es que le falte / el sonido, / es que tiene / el silencio". Los cuatro versos del poema Cine mudo son un buen retrato de su autora, Fina García Marruz (La Habana, 1923). La sigilosa poeta cubana, que hoy mismo cumple 88 años, ha sido galardonada con el XX Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, dotado con 42.100 euros. Se une así a un palmarés que inauguró en 1992 el chileno Gonzalo Rojas, fallecido el lunes pasado, y en el que hay nombres como Antonio Ganoneda, José Emilio Pacheco, Mario Benedetti, Juan Gelman, Álvaro Mutis, Nicanor Parra, Pablo García Baena, José Manuel Caballero Bonald o Francisco Brines, premiado el año pasado, que esta tarde ofrecerá una lectura de poemas en el Palacio Real.
     Hasta hoy, la literatura de Cuba no contaba con ningún representante en esa exclusiva lista llena de premios Cervantes en la que, además, García Marruz es la tercera mujer tras la portuguesa Sophia de Mello Breyner (2003) y la peruana Blanca Varela (2007). Esos dos aspectos – la escasez de voces femeninas y la ausencia de una tradición poética tan potente como la cubana – han pesado en el jurado para que la nueva laureada se impusiera a finalistas como el nicaragüense Ernesto Cardenal o la uruguaya Ida Vitale. Así lo reconoció Luis Antonio de Villena, miembro del jurado junto a, entre otros, profesores y escritores como Víctor García de la Concha, Jaime Siles, Soledad Puértolas, Carmen Posadas, Fernando de la Flor, Marie-Claire Zimmermann o el propio Brines.
     Brines destacó que, además de a una gran poeta -"variada y sencilla, culta pero inteligible"-, en la persona de Fina García Marruz se estaba premiando también al grupo literario aglutinado en torno a la mítica revista Orígenes. Aquella revista, impulsada por José Lezama Lima reunió entre 1944 y 1956 a escritores como Gastón Baquero, Eliseo Diego o Cintio Vitier, todos ya fallecidos. Aunque Vitier fuera marido de la ahora premiada y Diego fuera su cuñado, Fina García Marruz es algo más que una poeta "familia de".
     Su escasa producción – apenas una decena de títulos – está atravesada por una espiritualidad ajena a todo hermetismo que – entre  Cristo y el Che – dialoga en ocasiones con versos de gran carga política. La suya siempre ha sido la obra de una escritora católica en la Cuba castrista, régimen al que su marido apoyó siempre sin fisuras. "Dios mío, tú no les darás a los que padecieron atrozmente / por la justicia, a los enterrados vivos, / a los que les sacaron los ojos o les arrancaron / los testículos, a los amenazados / en lo más vulnerable, la mujer o los hijos, / tú no les darás la gloria efímera de un nombre / que se repite vagamente en las conmemoraciones patrias". Esto dice el arranque de su célebre poema A los héroes de la resistencia.
     Los hitos de una obra que arrancó en 1942 son títulos como Visitaciones (1970), Viaje a Nicaragua (1987) y, sobre todo, Créditos de Charlot, publicado en 1990, el mismo año en que García Marruz ganó el premio nacional de literatura cubana. Poco divulgada fuera de la isla, la antología más accesible para el lector español es El instante raro, publicada el año pasado por la editorial Pre-Textos. Allí se encuentra casi toda la obra poética de una autora que alguna vez dijo querer "escribir con el silencio vivo" y que siempre ha alternado su trabajo de creación con su labor investigadora en la Biblioteca Nacional de la Habana.
     Desde allí colaboró en la edición crítica de las obras completas de José Martí, una figura tan importante para la política hispanoamericana como para las letras en español. Hoy la tradición inaugurada por él ha sido reconocida con el Reina Sofía. Y no es que a Fina García Marruz le faltase el sonido, es que tenía el silencio. Ahora tiene también el premio de poesía más prestigioso de Iberoamérica.
El País, 28 abril

 

En las extrañas islas de la noche

Un libro donde el poeta de En la calzada de Jesús del Monte sigue conversando con sus lectores de manera generosa y directa

Carlos Olivares Baró, México

     La hija del poeta Eliseo Diego (La Habana, 1920 – Ciudad de México, 1994), la escritora Josefina de Diego, compiló un manojo de parlamentos que el autor de Inventario de asombros había dejado en sus archivos. En las extrañas islas de la noche. Entrevistas a Eliseo Diego (Ediciones UNION, La Habana, 2010) es un libro donde el poeta de En la calzada de Jesús del Monte sigue conversando con sus lectores de manera generosa y directa.
     “Cuando mi padre murió me dediqué a ordenar toda su papelería y la fui clasificando por temas: sus poemas inéditos, sus poemas manuscritos, su prosa, pequeños cuadernos de poesía hecho por él para mi madre o para mis tíos, críticas a sus libros, fotos. Entre todos estos papeles había muchas entrevistas que le habían realizado aquí y en otros países, como México y Colombia durante casi treinta años. En esta edición se han incluido esas entrevistas”, apunta Fefé en la nota de presentación del libro, que pudo conformar después de una exhaustiva revisión de los papeles del Premio Juan Rulfo (1994).
     “Mis lecturas preferidas han sido, en primer lugar, los cuentos y las leyendas de la Corte del Rey Arturo…, La Divina Comedia, que no he leído en su totalidad… A Shakespeare no he podido leerlo todo”: pausas de sabiduría sin arrestos gratuitos ni petulancia coloreada en confesiones a su hija sumadas a coloquios —sin prisa ni aspavientos— con Minerva Salado, Ana María Jaramillo, Francisco Hernández, Luis Rogelio Nogueras, Juan Pin, Abel Prieto, Raúl Rivero, Agenor Martí, Arturo Arango…
     Raúl Rivero le pregunta: ¿Cuál es el momento más hermoso de su existencia?: “Aquel en que por primera vez vi a mi muchacha. Pueden encontrarlo en unos versos que titulé: ‘La joven en el teatro’”. Ciro Bianchi: ¿Hasta qué punto su vida y su obra forman un solo cuerpo?: “El trabajo fundamental de mi vida ha sido mi obra. Mi vida, por sí sola, no tiene interés. Si tiene alguno, radica en lo que he podido hacer”. Agenor Martí: ¿Qué familiares, amigos o enemigo influyeron o influyen todavía en su obra?: “Las dos personas que realmente influyeron e influyen en mí —y en consecuencia en mi obra— son dos fantásticas, increíbles muchachas: un amigo que me acompaña desde que ambos cruzamos las grandes y terribles puertas de la juventud, las bautizó ya desde entonces con el mote en apariencia inocuo de ‘las hermanitas Marruz’: son ellas mi esposa, Bella, y Fina, su hermana”. Raysa White: Digamos que la poesía es “una mirada de tal intensidad, que nos toma por sorpresa y arrebata”: “Siempre he pensado que la poesía debe ser como un golpe que lo conmueve a uno, y en esa conmoción está el secreto del asunto; en que un poema debe ser una obra de creación a dos: por una parte el que lo escribe, por otra el que lo lee y recrea”. A Juan Pin Vilar le comenta que “la poesía y la infancia son la misma cosa. Todos los niños, aún los más humildes, viven en la poesía”. Yamil Díaz Gómez: ¿Y el Guillén íntimo, su amigo Nicolas?: “Tengo el privilegio de haber sido amigo de Nicolás. Digo ‘privilegio’ porque era una persona de pocos amigos. Una cosa era su popularidad, con esa nota cordial para todo el mundo, y otra su interioridad, donde era muy arisco. Era muy ingenioso, muy simpático y tenía una memoria prodigiosa. Se sabía la poesía fundamental y la no fundamental de la lengua española”.
     Se agrega un acápite (“El silencio de los elogios: Eliseo Diego habla sobre Reinaldo Arenas”) —resumido por Camilo Barquet— en el que aparece una interesante exposición sobre el polémico autor de Antes que anochezca, el novelista Reinaldo Arenas (Holguín, 1943 – Nueva York, 1990): “Una vez convocamos en la Biblioteca Nacional a un cursillo para enseñar a contar cuentos, y un día recibí en el despacho un cuento… Tenía dos cuartillas, quizás tres, lleno de faltas de ortografía, algunas horrendas, y era que este muchacho, Reinaldo Arenas, pensaba que yo iba a dar un curso sobre cómo escribir cuentos, y entonces me mandaba aquel trabajo como una muestra. Menos mal que se encontró conmigo, porque yo pude ver, a través de la enormidad de las faltas de ortografía, el dominio del idioma y la capacidad de imaginar que habías detrás de aquello. Pensé: este muchacho bien vale la pena. Armé un escándalo en la Biblioteca Nacional, fui a ver a la directora María Teresa Freyre, le llevé aquel cuento y le dije: ‘Mire, María Teresa, no se fije usted, por Dios, en las faltas de ortografía. Recuerde que Hans Christian Andersen también escribió con horrendas faltas de ortografía, porque era un pobre diablo que no sabía leer ni escribir, correctamente’. Y ella, que era una mujer muy inteligente, se dio cuenta de lo que había detrás de aquel espanto ortográfico, porque él tenía un dominio natural de la sintaxis. El cuento se llama ‘Los zapatos vacíos’, que, quien sabe por qué, he conservado después de tantos años. Es linda la historia: trata de un niño campesino que, la noche anterior al Día de los Reyes Magos, le pone sus zapatos a los futuros visitantes para recibir regalos, y a la mañana siguiente los encuentra vacíos”. Revelaciones de los inicios literarios de uno de los grandes narradores cubanos del siglo pasado.
     “Reinaldo Arenas trabajaba en el Instituto Nacional de Reforma Agraria, hoy desaparecido. Allí embalaba cajas. María Teresa consiguió trasladarlo a la Biblioteca Nacional, donde lo ubicó en la biblioteca circulante, y en un mes él devoró todos los libros que había en esa biblioteca… El muchacho, poco a poco, se fue haciendo de lo que necesitaba…. Entonces, Reinaldo escribió una novela. Para mí, la mejor de todas, que se llamó Celestino antes del alba; el título era un hallazgo prodigioso. La novela era muy buena, de primera clase”, concluye el autor de A través de mi espejo.
     Estamos en presencia de un manual que nos pone en contacto con el pensamiento y la sabiduría de un artesano de la palabra marcado por la fidelidad a sí mismo; posiblemente, uno de los poetas más humildes —en el sentido exacto de la humildad— de la literatura cubana.
     Entrar a los muelles de En las extrañas islas de la noche, aproximarse a la venturosa eternidad de “El viajero que toca en nuestras puertas mira la honda sala y dice / con nostalgia: su penumbra”: nuestra sombra en los cordeles de la tiniebla. Edición acompañada de un álbum fotográfico en el que apreciamos al autor de Por los extraños pueblos durante su infancia en Villa Berta y, asimismo, retratos de su esposa Bella, Cintio, Fina, hijos y amigos. Crepúsculos, ancladeros, voces, ardores, fugacidades, esplendor y lluvia. Eliseo Diego o las palabras flotando en la noche insular.

Cubaencuentro

 

Libros recibidos

     Han llegado a nuestra redacción el poemario Imaginarias de un velero sumergido (Verbum, 2010) de Armando Valdés-Zamora y Raquel Revuelta (A la memoria de una gran actriz), éste último editado por el propio autor: Juan Cueto-Roig.
    Armando Valdés-Zamora (La Habana, 1964) se doctoró en la Universidad de la Sorbona con una tesis sobre José Lezama Lima, habiéndose licensiado antes, en filología, en la Universidad Central de Santa Clara. Es autor del poemario Libertad del silencio, y de la novela Las vacaciones de Hegel (finalista del premio a la mejor primera novela publicada en Francia en 2003). Trabaja como Profesor Adjunto en la Universidad de París XII y en la Escuela Superior de Gestión (ESG) de París. El crítico José Prats Sariol expresa que en los mares de los poemas de Imaginarias "hay dos peces que a la vez son espíritu y alma, cuerpo de un fugitivo que bracea sin temerle a las mordidas de la memoria afectiva. Ahí está su signo dentro de la poesía de habla hispana actual: fuga y caída que con Albert Camus sacude las arenas y emerge". Presididos por una memoria que no tiene otro origen que ella misma, los poemas de Imaginarias dejarán su recuerdo en los más exigentes lectores de poesía.
    El libro de Cueto-Roig debe ser aquilatado en el sosegado espacio del agradecimiento. El volumen que dedica a Raquel Revuelta resume, por así decirlo, la sostenida devoción a la artista cubana, y de lo cual ya se había hecho eco nuestra revista. Sin embargo, más allá, de la sensibilidad personal, de este amor que es privado, íntimo, pero que compartido con nosotros es también público, Raquel Revuelta contribuye también a la preservación de la memoria cultural cubana. Algún día habrá que hacer el recuento, valorar esta tradición de esfuerzos y obsesiones personales, de los cuentapropistas de la memoria que han apostado, no tanto al reconocimiento como sí al hacer. Por esta razón sería imposible agradecer en su verdadera dimensión el trabajo de Cueto-Roig. Pero lo intentamos.

 

 

Éxito de soprano cubana en el XXXII Festival Rossini de Pesaro

Agencias, Pesaro, 15-08-2011

María Aleida, que abandonó la Isla a los 14 años, registró la mayor cantidad de aplausos en el evento italiano

     La soprano cubana María Aleida descolló entre los jóvenes alumnos de la Academia Rossiniana que se exhibieron en la ritual ejecución de fin de curso del El viaje a Reims en el XXXII Festival Rossini de Pesaro (ROF, Italia), informó ANSA.
Opera dificilísima, cuyo manuscrito fue encontrado casualmente hace unos 30 años en Roma, y desde entonces devenido símbolo del renacimiento rossiniano, El viaje es una cantata celebrativa en honor de la coronación de Carlos X como rey de Francia en junio de 1825.
     La obra, una sucesión de acrobacias belcantistas para una quincena de cantantes, resulta ideal para que los alumnos —bajo la guía y selección de Alberto Zedda, director artístico del ROF— prueben en público sus condiciones para ingresar en el competitivo mundo de la lírica.
     De año en año, de aquí salen los cantantes que pueblan la cartelera del Rossini Opera Festival, como la media docena que se reparten los roles estelares de esta 32ª edición.
     De los diez personajes principales, el más difícil es el de la condesa de Folleville, protagonista de una larguísima aria, Partir, o ciel! dessio, que resulta un pasaporte al estrellato para la cantante llamada a interpretarlo.
     María Aleida no fue excepción y registró la mayor cantidad de aplausos, entre un grupo destacado de cantantes, como la mezzosoprano italiana Adriana Di Paola, la soprano rusa Elena Tsallagova y la soprano española Carmen Romeu.
     "Dejé mi país a los 14 años junto a mi familia y me mudé a Venezuela, donde todavía ellos viven, para ir a estudiar a la Academia de Arte Vocal de Filadelfia los últimos dos años. Pero mi país sigue siendo Cuba, a pesar de los lazos de afecto que me unen a estas dos naciones en las que me formé y me estoy formando", dijo a ANSA la cantante.
     Aleida es la primera latinoamericana con papel protagónico en este Viaje que desde 2001 sirve de ensayo de fin de curso de la Academia.
     Además, la única cubana que ha pisado el ROF en 32 años de historia.
     Desde esta puerta abierta al mundo de la lírica, María Aleida no ve por el momento más que un año de lecciones en Filadelfia: pero dentro de dos años el ROF presenta por primera vez Aureliano y es casi una tradición del festival contratar enseguida a toda cantante que se haya lucido en el papel de la condesa de Folleville.
     Además de Rossini, María Aleida sueña con afrontar el repertorio francés: "Me gustaría cantar la Olimpia de Los cuentos de Hoffmann, de Jacques Offenbach, así como la Lakmé de Léo Delibes o la Ofelia de Hamlet, de Ambroise Thomas".
     "Pero lo que realmente quiero es llevar mi canto a todas las personas que me quieran oír y siento que tengo algo muy lindo dentro que quisiera expresar y le pido a Dios que me permita hacerlo", concluyó.

Diario de Cuba